martes, 21 de abril de 2015

EL OUTSOURCING FRENTE A LA REFORMA LABORAL PARTE 1.

INTRODUCCIÓN

El outsourcing y la subcontratación ha sido una figura utilizada por las diferentes empresas (desde nuestro punto de vista, en exceso y en muchos de los casos con la única finalidad de evitar pagar costos laborales y de seguridad social en detrimento de las condiciones de trabajo o lo que se le ha llamado la “precarización del Trabajo”[1], el outsourcing ha sido utilizado como modelo productivo y la subcontratación es la expresión en el ámbito de las relaciones laborales.

El outsourcing, no es un fenómeno nuevo, su contenido y prácticas se encuentran presentes prácticamente desde los inicios de la sociedad capitalista aunque, habría que reconocerlo, su presencia constituía un obstáculo tal para el cumplimiento de los fines del capital en términos de acumulación y sobrevivencia, que fue colocado en el terreno de la marginalidad. Si tenemos presentes las primeras prácticas de lo que ahora denominamos intermediarismo y el trabajo a domicilio podremos comprender las dificultades que representaban para las primeras fábricas del sistema capitalista, que requerían la concentración de grandes contingentes de trabajadores ‘bajo un mismo techo’, en un momento en que era obligado para el capital establecer su autoridad y control sobre los trabajadores de manera concreta bajo esquemas de subordinación directa.[2]

El resultado de las transformaciones en el mercado de trabajo se expresa actualmente a través de una diversidad de situaciones ocupacionales, consideradas precarias, que involucran a sectores de población cada vez más amplios: sub-ocupados demandantes, ocupados con escasa calificación, con bajos salarios, sin beneficios sociales, jóvenes y mujeres con inserción laboral inestable, con dificultades para continuar con su actividad, servicio doméstico, beneficiarios de programas de empleo, constituyen el heterogéneo universo de las formas que asume el empleo precario.

Diversos criterios y enfoques para definir y caracterizar la precarización laboral se encuentran en la bibliografía especializada. Para la CEPAL (2001) el surgimiento de formas “atípicas” de empleo, asociadas a una baja calidad del empleo, permite hablar de precariedad. Este empleo atípico se define por oposición al empleo estándar o “decente” (OIT, 2002), caracterizado por ser reconocido, protegido, seguro y formal. El empleo precario es, entonces, aquel que presenta niveles inferiores de seguridad social, de derechos laborales y de remuneraciones en relación con los empleos clásicos.

La precariedad, en tanto está asociada con la inseguridad en el empleo y la incertidumbre acerca de los ingresos presentes y futuros, puede conducir a parte de los trabajadores a situaciones de exclusión[3], en tanto sería un impedimento para su plena integración económica y social.

En prácticamente todos los países han operado cambios legislativos en los ámbitos financieros, comerciales y laborales para facilitar una nueva fase de la internacionalización del capital y de competencia entre distintos bloques regionales. Todo para ponerse a tono con los acuerdos y tratados de libre comercio. No podemos dejar de mencionar que al lado de los cambios jurídicos nacionales, cada vez van adquiriendo mayor importancia las normas multilaterales expedidas por los organismos internacionales tales como la ONU, la OIT, la OCDE, entre otros, y las unilaterales de las propias empresas transnacionales.

Otro elemento que ha venido a modificar de manera sustancial las reglas y mecanismos de las relaciones de trabajo son: Las nuevas tecnologías que soportan y promueven la flexibilidad en general, tanto en lo que toca a los procesos productivos como en la toma de decisiones al interior de las empresas e instituciones, que facilitan la puesta en marcha de configuraciones organizacionales más planas y dinámicas, así como la ubicación de partes del proceso productivo y de las tareas administrativas y de dirección en distintos y diversos territorios de una localidad, una región o el mundo. Ciertamente, también estas tecnologías impactarán los puestos de trabajo, absorbiendo parte de las tareas desarrolladas antes directamente por los trabajadores e introduciendo nuevos requerimientos en términos de su calificación. Pero lo más importante es que permiten, en función del tipo de tecnología concreta de la que se hable y de la naturaleza específica de la tarea, la realización de tareas productivas y no productivas en lugares distintos a los de las instalaciones de la empresa o institución o de su área de influencia.

El outsourcing es capaz de integrarse y hacerse presente en los modelos productivos que dan continuidad al taylorismo-fordismo, pero también al postfordismo que busca o intenta negar al anterior. En su conjunto, el outsourcing ofrece un escenario que cobija y promueve la coexistencia de distintos arreglos productivos y organizacionales. Se hace presente en las grandes y pequeñas empresas, en todos los sectores productivos, en la esfera pública y privada y deja de lado la ya vieja contienda sobre la prevalencia del trabajo neofordista o del posfordista a los que integra. En pocas palabras, el outsourcing sería un modelo concentrador de formas pre modernas, modernas y postmodernas de producción.[4]

Para al análisis del outsourcing consideramos pertinente utilizar los modelos tradicionales de estudio de las relaciones de trabajo, pero se sabe que la realidad es más compleja y evidentemente los rebasa. El outsourcing no es un fenómeno propio de realidades postfordistas sino que se hace presente en cualquier modalidad productiva. Ciertamente el postfordismo atrae, transforma y subordina a una parte de la realidad productiva pero el outsourcing, más comprensivo, refuerza al neofordismo y recupera y fortalece modalidades productivas previas al capitalismo.

En el caso de México, el outsourcing has significado la forma en que se concreta su inserción subordinada al capital transnacional en la era de la globalización.

  
Postfordismo y Neofordismo

Hay al menos dos corrientes del pensamiento crítico: la primera, refiere que el sistema productivo hasta ese entonces llamado taylorista-fordista ha sufrido una evolución que se centra en el gran avance tecnológico. El taylorismo-fordismo sigue su curso productivo, el obrero industrial sigue siendo la figura central del sistema productivo, el paradigma de la explotación que este conlleva, pero su trabajo y la organización del mismo se adecua a los cambios tecnológicos de la informatización, sobre todo.

La segunda habla de un cambio más radical, en términos de cambios de los paradigmas mismos del sistema productivo. Esta segunda corriente del pensamiento crítico llama postfordismo al nuevo sistema productivo y lo describe con una extensa y criticada literatura. El obrero industrial deja de ser la figura laboral central, así como la fábrica —o el lugar de trabajo— deja de ser el único lugar de producción central. Esta corriente centra su análisis en las renovadas relaciones sociales como productoras, ellas mismas, de la nueva riqueza. El trabajo, por ende, cambia características, y se convierte de ser un momento definido en el espacio, en un tiempo sin fin en un espacio globalizado. “El capital tiene la tendencia a absorber bajo el perfil del control directo el entero mundo social y la practica vital en toda su complejidad. La fábrica se socializa en el sentido que para vivir y reproducirse, la entera colectividad se vuelve territorio de actividades productivas inmediatamente sujetas al mando capitalista.

Quienes defienden esta última postura dejan claro que esta situación hay que enfocarla en el marco de la tendencia. Tenemos entonces que hablar de hegemonía de un sistema productivo como la capacidad de un sistema productivo de imponer a los otros sistemas productivos sus propias formas, modalidades, estructuras, tecnologías, etc. La comparación con el pasado nos resulta útil para explicar este aspecto: cuando, en la segunda mitad del siglo XIX, se construyen las primeras fábricas en las cuales aparecen las primeras máquinas, el trabajo industrial como lo conocimos después era ciertamente minoritario en términos cuantitativos. Y así siguió siéndolo durante varias décadas. Sin embargo tardó mucho menos tiempo en determinar su hegemonía, toda vez que, a pesar de ser mayoritario numéricamente, el trabajo agrícola ya se veía invadido por el uso de las máquinas —característica del trabajo industrial—, la organización del trabajo ya respondía
al tipo de organización industrial, etc. Tenemos aquí a la hegemonía del trabajo industrial sobre el trabajo campesino, aunque por mucho tiempo fueron más los campesinos que los obreros.

  
Cambio del sistema productivo del Fordismo al Postfordismo

Este cambio de sistema productivo se refleja en un cambio social importante, resulta de una serie de procesos históricos. En el siglo XX se acostumbraron a vivir bajo el régimen de la gran empresa fordista: grandes fábricas que incluyen todo, que comprendían todas las etapas de la producción, que proporcionaban trabajo a miles de personas en los mismos lugares, insertadas a pleno título en la cadena formación-producción-descanso. El fordismo se caracterizaba por “la producción en serie en el modelo de cadena de montaje, al utilizar maquinaria con fines especiales y, principalmente, trabajadores no cualificados en una división del trabajo basada en una fragmentación de tareas cada vez mayor. La era fordista se caracteriza por la dominación de los mercados de masas y por bienes estandarizados que se mantienen durante largo tiempo.

A partir de la crisis de la industria fordista sufrida en los años 70, el postfordismo se caracteriza por “la especialización flexible, la tecnología de la información, las tecnologías de producción flexibles (automatización), la globalidad”. En particular la especialización flexible que requiere del trabajador ya no sólo la realización de tarea fijas, casi rutinarias —como en el modelo fordista— sino que le pide extrema flexibilidad en términos de adaptabilidad a cambios repentinos de producción —dependientes del mercado— y al mismo tiempo la flexibilidad necesaria para el aprendizaje rápido de nuevas tecnologías. En otras palabras, la especialización flexible se caracteriza por la flexibilidad del trabajo y de la producción.

Las razones que llevaron al sistema de producción fordista a la crisis mencionada han sido de diferente índole: factores llamados “externos”, como pueden haber sido el aumento y fluctuación constante del precio de las materias primas —el aumento del crudo en 1973, por ejemplo— situación hasta ese entonces desconocida, pues regía aún el régimen de cambio fijo —sistema Bretton Woods— y el alza del precio del trabajo, procedente de la conflictividad sindical existente; la modificación de la demanda, procedente de una evolución social que sin duda pertenece a los años 60; finalmente, el avance tecnológico.

 El trabajo, representado por la organización sindical, a partir de los años 50 comienza a imponer los derechos de los trabajadores, de forma tal que el costo del trabajo como tal sufre un alza importante. Este factor es fundamental para entender la crisis del sistema fordista a principio de los 70. Esta crisis, sin embargo, provoca una reestructuración del sistema productivo y de la organización empresarial llevando, en una especie de cadena causa-efecto-causa, a la que comúnmente, en el ámbito sindical, se señala como la “derrota histórica” del movimiento de los trabajadores.[5]

En el conflicto trabajo-capital que ha generado el cambio del que hablamos, el rol del Estado, es muy importante ya que se convirtió en el siglo pasado en garante de un sistema de protección en beneficio del trabajador a través de medidas amortiguadoras de los conflictos existentes entre capital y trabajo —con el llamado modelo keynesiano. Este rol, fue el fruto de décadas de conflictos, confrontaciones, luchas, concertaciones, entre las dos partes involucradas— el capital y el trabajo. En otras palabras, la fuerza del movimiento de trabajadores —en el siglo pasado, los obreros industriales sobre todo— logró imponer al Estado medidas de mediación del conflicto existente. Es evidente entonces que el Estado pierde este rol cuando una de las partes comienza a ganar la batalla. Dicho de otra manera, la fuerza de trabajo frente al capital comienza a debilitarse por varias razones de tal manera que el Estado puede empezar a retirar las medidas dejando, otra vez al trabajo —y sus sujetos, los trabajadores— completamente desamparados frente al capital.[6]

En el nuevo modelo productivo se inserta un fenómeno, el outsourcing.


[1] ADRIANI, Luis, SUAREZ, María J., y ALVARIZ, Ariel (2004) “Principales tendencias en el mercado de trabajo del Gran La Plata: la precarización laboral en el período 1998-2003”. Ponencia presentada en lll Jornadas Interdepartamentales de Geografía de Universidades Nacionales. Universidad Nacional de Tucumán.
[2] Hirst y Zaitlin (1991) en “¿Del fordismo al postfordismo? El advenimiento de los nuevos modelos de organización industrial”, Vicente Cano, Universidad de Valencia.
[3] La exclusión se entiende como la incapacidad de las sociedades de integrar a todos sus miembros, particularmente en el sistema económico y en los beneficios sociales básicos. El empeoramiento de las condiciones de trabajo de gran parte de la población ocupada contribuirían, entonces, al aumento del número de personas excluidas (Lindenboim, 2000).
[4] ¿Del fordismo al postfordismo? El advenimiento de los nuevos modelos de organización industrial”, Vicente Cano, Universidad de Valencia.
[5] Benedetto Vecchi, “Empresa” en “Léxico postfordista”, Feltrinelli, 2001
[6] Antonio Negri y Michael Hardt en “Moltitudine”, Rizzoli, 2004.

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