lunes, 24 de noviembre de 2008

Un minuto de Silencio...

“La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto." Baltasar Gracián





En el momento que tuve conocimiento de la noticia de la lamentable muerte del Juan Camilo Mouriño + y de los pasajeros del avión de la Secretaría de Gobernación, me quedé sin habla, un escalofrío recorrió mi espalda y sin duda en mi cabeza comenzó el proceso para digerir la información.
Fue un momento difícil, la negación fue mi primera reacción, después el asombro y la incredulidad me embargaron y treinta minutos después empecé a reflexionar lo sucedido, desde ese día 4 noviembre hasta hoy 7 de noviembre, he puesto especial atención a las acciones y reacciones así como información que esta fluyendo en éste caso.
La muerte en sí es un hecho que me provoca emociones encontradas, desde rabia, coraje hasta resignación y calma, no pretendo hablar de los impactos y consecuencias de ésta lamentable tragedia, no pretendo tampoco avizorar cambios o movimientos o ajustes políticos producto de los acontecimientos, no hoy no lo haremos, por el respeto a las víctimas de la tragedia, tanto a los tripulantes del avión como los que lamentablemente se encontraban en tierra en ese momento, tampoco pretendo hablar de la cualidades del propio Juan Camilo o de los demás funcionarios que viajaban en el avión, sobre todo los más conocidos, de eso nuestro Presidente Felipe Calderón lo ha hecho y desde mi punto de vista de manera excepcional, sobre todo tomando en cuenta su papel como líder de éste País, ya que así se lo exige el cargo, a pesar de la gran pérdida personal que sufrió, por lo que desde éste espacio, le envío mi admiración, respeto y consuelo en estos momentos especialmente difíciles.
Les deseamos también una pronta resignación a todos los amigos y familiares de las víctimas, sin duda no hay reto mayor en la vida que superar la pérdida de un ser amado. Creo también justo reconocer al gobierno por el manejo profesional de esta crisis y confío plenamente en que a diferencia de otros tiempos, la información que se comparta con la población sea veraz y oportuna y por el bien del País espero que así suceda.
Hoy más bien quisiera compartir con todos ustedes algunas reflexiones sobre la vida y por supuesto la muerte, estas dos etapas que están siempre en conflicto y que se excluyen, es decir, que cuando una es, la otra ya no lo es, la muerte como punto final o punto de terminación de la vida muchas veces llega de manera inesperada e inexplicable, recuerdo una frase que mi padre dice mucho “lo único imposible de evitar es la muerte” o dicho de otra forma lo único seguro que tenemos en esta vida es que algún día vamos a morir, no sabemos cuándo, ni cómo, ni en dónde y tal vez es algo en lo que ni siquiera pensamos, mucho menos si estamos jóvenes o en la plenitud de nuestra vida, no sé si se han dado cuenta que el tema de la muerte es más recurrente en la medida que crecemos, en la medida que nos hacemos más viejos, si no recuerden cuantas veces lo han escuchado de sus padres y abuelos.
Eso es lo que sucede con la muerte a pesar de que tenemos la certeza de que llegará tratamos de pensar lo menos posible en ella, algunos creen que si no se hace de ésta manera la invocas, otros creen sobre todo en la parte final de su vida que hablando de ella se van convenciendo poco a poco de su destino y eso les permite tener una resignación previa del destino que irremediablemente llegará.
En general la actitud que tenemos frente a la muerte tiene que ver en mucho de la edad que tengamos, del entorno en que crecimos, de las circunstancias de nuestra vida y de nuestra decisiones o elecciones en la vida, si no creen hagan la prueba, pregúntenle a un niño que piensa de la muerte y seguro estoy que no estará muy familiarizado con el concepto y el significado, los jóvenes lo ven como algo lejano, por ello en ésta etapa somos más intrépidos o valientes o también en algunos casos inconscientes, según nuestros padres y en la medida que vamos ganando años, kilos y responsabilidades (familia, trabajo, etc.) nuestra percepción cambia y nos volvemos más prudentes, temerosos o precavidos y con seguridad si tienen ya familia se preocuparán más por que a sus hijos no les pase nada y que ustedes nunca les falten, pero ya mayores con las metas cumplidas en la plenitud de la vejez, después de andar en el camino, la resignación se vuelve más presente, se siente y se sabe que el día de poner punto final a éste capítulo esta más cercano y curiosamente es cuando más experiencia tenemos y más sabiduría para compartir.
Es por ello que las muertes que no siguen éste patrón del trascurso del tiempo impactan más, sorprenden más, ya que no es natural que niños y jóvenes mueran en la plenitud de su vida y de ahí evoco mi segunda reflexión, cuantas veces y en que momentos o con que frecuencia nos preguntamos ¿qué hemos hecho de nuestra vida?, cuantas veces nos volteamos en el camino y vemos o hacemos un balance de nuestras acciones, vivencias y experiencias, si el día de hoy terminara nuestro camino ¿cómo lo habremos vivido?, ¿seríamos recordados? o ¿cómo seríamos recordados?, ¿hemos mejorado nuestro entorno en algo?, ¿hemos influido en alguien?, ¿hemos ayudado a alguien?, ¿ha valido la pena el camino que hemos emprendido?. Lo que nos hace pensar en que más allá de que si nos va bien o mal, si somos afortunados o no, somos en suma el cúmulo de nuestras decisiones ya que soy un firme creyente de que cada quien con sus acciones y decisiones buenas o malas se va labrando el camino; esto me recuerda a una canción de Facundo Cabral que decía que “sólo espero que cuando llegue la muerte, me encuentre muy vivo”, ¿cómo saber que el camino que he tomado hoy es el correcto? y ante esta imposibilidad de responder a esta pregunta se encuentra lo maravilloso de la vida, que es el libre albedrío y con ello cobra la mayor relevancia ya que depende sólo de nosotros.
Tal vez a todas las preguntas anteriores no haya respuestas absolutas o generales, cada quien deberá de contestarse y créanme a veces no es tan sencillo, ya que la autocomplacencia o justificación se hace presente a cada momento, ese es el gran reto del hombre, definir cómo vive su vida y qué camino toma, con la plena conciencia de que algún día, sin saber cuándo llegará su muerte, creo que no se puede estar preparado para ello, pero al menos hay que reflexionar al respecto.
Saludos y hasta la próxima.
Lic. Eduardo Ocampo Bautista

No hay comentarios.: